La luz roja y la infrarroja se han puesto de moda, y muchas veces con promesas que suenan demasiado bonitas para ser verdad. En este artículo vamos al grano: qué dice realmente la ciencia sobre cada franja de luz, y qué puedes esperar tú de ella.
Desde la luz azul hasta la roja y la infrarroja cercana, cada longitud de onda actúa de forma distinta sobre tu cuerpo, y no todas están igual de investigadas. Te lo explicamos franja por franja.
Antes de seguir: este artículo resume el estado general de la investigación sobre la luz y sus distintas longitudes de onda. No es una afirmación sobre la eficacia de ningún producto en concreto, ni sustituye el consejo médico.
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¿Por qué la luz roja y la infrarroja actúan sobre tu cuerpo?
La luz es radiación electromagnética, y tu ojo solo capta una parte mínima de ella: la luz visible, entre unos 380 y 700 nanómetros (nm). Justo después está el infrarrojo cercano, invisible para el ojo pero igual de real para tu piel.
¿Por qué la ciencia se ha centrado sobre todo en el rango entre 480 y 1060 nm? Porque ahí se abre lo que los investigadores llaman una "ventana óptica": en ese tramo, el agua, la hemoglobina y la melanina de la piel absorben relativamente poca luz, así que esta puede llegar más adentro del tejido que en otras longitudes de onda [1]. Por eso la mayoría de estudios sobre fotobiomodulación —el nombre técnico de la terapia con luz— se concentran ahí: no porque el resto de longitudes de onda no sirvan, sino porque en esta franja es donde mejor se conoce la relación entre la luz y las células.
Las longitudes de onda
Luz azul y verde (480 nm y 525 nm): superficial, pero versátil
La luz visible de onda corta apenas penetra entre uno y tres milímetros en la piel, así que su efecto es sobre todo superficial [2].
Donde sí tiene un efecto muy bien documentado es en su acción contra las bacterias: un estudio de laboratorio de 2023 mostró que la luz azul (400-470 nm) activa unas moléculas propias de bacterias como Cutibacterium acnes —relacionada con el acné— generando compuestos que ayudan a eliminarlas [3].
La luz azul es también la señal más potente para tu reloj biológico interno: la captan receptores especiales de la retina y frenan la liberación de melatonina [4]. Algo a tener en cuenta si te expones a ella de noche.
La luz verde (~525 nm), por su parte, es un campo de estudio más joven pero en auge: una revisión de 2025 recoge sus efectos sobre las células óseas [5].
Luz roja (620 nm y 660 nm): la franja mejor estudiada de todas
La luz roja (630-660 nm) penetra algo más, entre dos y cinco milímetros en la dermis, y es —con diferencia— la longitud de onda más estudiada de toda la fotobiomodulación [2].
¿Ayuda de verdad a producir colágeno? Un ensayo controlado en humanos de 2014 midió, entre otras cosas, la densidad de colágeno con ecografía tras tratamientos con luz roja e infrarroja cercana. El resultado: un aumento estadísticamente significativo frente al grupo sin tratar [6] — uno de los estudios más sólidos que existen sobre este efecto en concreto.
¿Y para dormir mejor? Un estudio de 2012 con jugadoras de baloncesto de élite combinó sesiones de luz roja con la medición de la calidad del sueño y los niveles de melatonina, y encontró mejoras significativas en ambos frente al grupo placebo [7]. Un estudio más reciente, de 2025, confirmó que la melatonina se recupera más rápido con luz roja que con luz azul [8].
Infrarrojo cercano (810nm, 830nm y 850 nm): la franja con más recorrido para el deporte
Entre 810 y 850 nm está el punto que la ciencia considera óptimo, tanto por la profundidad que alcanza la luz como por su interacción con la citocromo-c-oxidasa, una enzima clave en la producción de energía de tus células [1, 2]. Aquí la luz llega a capas más profundas, como el músculo y las zonas cercanas a las articulaciones.
Es la franja más estudiada en el contexto deportivo. Un ensayo con placebo de 2017 analizó qué intensidad de luz de 810 nm antes de entrenar tiene mejor efecto sobre el rendimiento y la recuperación muscular [9]. Una revisión con metaanálisis de 2018, que reunió numerosos estudios controlados, encontró efectos positivos sobre el número de repeticiones, el tiempo hasta el agotamiento y los niveles de lactato en sangre [10].
También hay evidencia sólida sobre las agujetas: un metaanálisis de 2025 que revisó 14 estudios controlados entre 660 y 950 nm encontró una reducción moderada del dolor a las 72-96 horas tras el esfuerzo, y una mejora notable de la fuerza a las 24-48 horas frente al placebo [11]. Eso sí, los propios autores reconocen que la evidencia todavía es desigual y hace falta más investigación de calidad.
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LAS ONDAS INFRARROJAS LEJANAS
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Infrarrojo lejano (940nm y 1060 nm): prometedor, pero con menos respaldo todavía
A partir de los 950 nm, el agua empieza a jugar un papel cada vez más importante en cómo se absorbe la luz. Esto cambia las cosas: en teoría, la luz penetra aún más hondo, pero su interacción con la citocromo-c-oxidasa se debilita [1].
Aquí hay que ser honestos: para 940 nm la evidencia está creciendo, pero sigue siendo más escasa que en la franja de 810-850 nm. Para 1060 nm hay todavía menos datos, y algunos estudios apuntan a un mecanismo distinto al habitual [12]. Es una hipótesis interesante, pero no tan respaldada como lo que ya sabemos de la franja clásica de rojo/infrarrojo cercano.
Conclusión:
Lo que dice la ciencia sobre la luz roja e infrarroja
- Las longitudes de onda entre 630 y 850 nm son, con diferencia, las más respaldadas por la ciencia, sobre todo en la formación de colágeno, la recuperación muscular y la energía celular.
- La luz azul (480 nm) tiene un efecto antimicrobiano bien documentado y un papel claro en tu reloj interno.
- La luz verde (525 nm) es un campo de estudio joven y prometedor.
- El infrarrojo lejano (940-1060 nm) penetra más hondo, pero todavía hacen falta más estudios para confirmar sus efectos.
Y el hilo que conecta todo esto: el mecanismo de acción principal —la liberación de óxido nítrico en tus células— sigue siendo la explicación más aceptada por la ciencia, aunque todavía no está probada al cien por cien [13].
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FUENTES
- de Freitas, L.F. y Hamblin, M.R. (2016) 'Mecanismos Propuestos de Fotobiomodulación o Terapia de Luz de Bajo Nivel', IEEE Journal of Selected Topics in Quantum Electronics, 22(3), pp. 348–364. doi: 10.1109/JSTQE.2016.2561201.
- Avci, P. et al. (2013) 'Terapia Láser (Luz) de Bajo Nivel (LLLT) en la Piel: Estimulante, Curativa, Restauradora', Seminars in Cutaneous Medicine and Surgery, 32(1), pp. 41–52. doi: 10.12788/j.sder.0032.
- Cotter, L. et al. (2023) 'Efectos Antimicrobianos de la Terapia de Luz Azul Contra Cutibacterium acnes: Dosificación Óptima e Impacto de Tratamientos Seriados', JSES International, 8(2), pp. 328–334. doi: 10.1016/j.jseint.2023.11.020.
- Wahl, S. et al. (2019) 'El Reloj Interno – La Luz Azul Marca el Ritmo Humano', Journal of Biophotonics, 12, e201900102. doi: 10.1002/jbio.201900102.
- Bao, W., Zhuang, J., Liu, F., Hu, J., Chen, X. y Jiang, Y. (2025) 'Fotobiomodulación con Luz Verde: Una Revisión Sistemática de Nuevos Enfoques para el Tratamiento de la Reparación Ósea', Photobiomodulation, Photomedicine, and Laser Surgery, 43(12), pp. 565–584. doi: 10.1177/25785478251381479.
- Wunsch, A. y Matuschka, K. (2014) 'Ensayo Controlado para Determinar la Eficacia del Tratamiento con Luz Roja e Infrarroja Cercana en la Satisfacción del Paciente, Reducción de Líneas Finas, Arrugas, Aspereza de la Piel y Aumento de la Densidad de Colágeno Intradérmico', Photomedicine and Laser Surgery, 32(2), pp. 93–100. doi: 10.1089/pho.2013.3616.
- Zhao, J., Tian, Y., Nie, J., Xu, J. y Liu, D. (2012) 'Luz Roja y la Calidad del Sueño y Rendimiento de Resistencia de Jugadoras de Baloncesto Chinas', Journal of Athletic Training, 47(6), pp. 673–678. doi: 10.4085/1062-6050-47.6.08.
- Sanchez-Cano, A., Luesma-Bartolomé, M.J., Solanas, N. y Orduna-Hospital, E. (2025) 'Efectos Comparativos de la Luz LED Roja y Azul en los Niveles de Melatonina Durante una Exposición de Tres Horas en Adultos Sanos', Life, 15(5), 715. doi: 10.3390/life15050715.
- de Oliveira, A.R. et al. (2017) 'Terapia de Fotobiomodulación Infrarroja Pre-Ejercicio (810 nm) en el Rendimiento Muscular y Recuperación Postejercicio en Humanos: ¿Cuál es la Potencia Óptima?', Photomedicine and Laser Surgery, 35(11), pp. 595–603. doi: 10.1089/pho.2017.4343.
- Vanin, A.A. et al. (2018) 'Terapia de Fotobiomodulación para la Mejora del Rendimiento Muscular y Reducción de la Fatiga Muscular Asociada al Ejercicio en Personas Sanas: Una Revisión Sistemática y Meta-Análisis', Lasers in Medical Science, 33(1), pp. 181–214. doi: 10.1007/s10103-017-2368-6.
- Tsou, Y.-A., Chang, N.-J. y Chang, W.-D. (2025) 'Efectos de la Terapia de Fotomodulación para el Dolor Muscular de Aparición Tardía: Una Revisión Sistemática y Meta-Análisis', Journal of Functional Morphology and Kinesiology, 10(3), 277. doi: 10.3390/jfmk10030277.
- Hamblin, M.R. (2018) 'Mecanismos y Señalización Redox Mitocondrial en Fotobiomodulación', Photochemistry and Photobiology, 94(2), pp. 199–212. doi: 10.1111/php.12864.
- Quirk, B.J. y Whelan, H.T. (2020) 'Qué Hay en el Corazón de la Fotobiomodulación: Luz, Citocromo C Oxidasa y Óxido Nítrico – Revisión de la Evidencia', Photobiomodulation, Photomedicine, and Laser Surgery, 38(9), pp. 527–530. doi: 10.1089/photob.2020.4905.